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MONTERREY, NL., 3 de mayo de 2026.- A pesar de ser uno de los oficios más riesgosos del país —donde predominan las caídas, golpes y derrumbes—, casi el 90 por ciento de los albañiles en México trabaja sin prestaciones ni seguridad social.
Cada 3 de mayo se conmemora el Día de la Santa Cruz, fecha en la que tradicionalmente se reconoce la labor de los albañiles. Esta celebración tiene su origen en la costumbre de colocar una cruz en lo alto de las obras como símbolo de protección y bendición durante los trabajos.
Sin embargo, pese al número de personas que se dedican a este oficio —con una estimación de alrededor de 1.74 millones de trabajadores—, el panorama laboral se caracteriza por la precariedad.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Economía, el ingreso promedio mensual de los albañiles oscila entre 8 mil 800 y 9 mil 300 pesos, con jornadas laborales que superan las 43 horas semanales. En el trabajo diario, los ingresos varían entre 350 y 700 pesos para oficiales, mientras que los maestros de obra pueden alcanzar hasta mil 200 pesos por día, dependiendo de su experiencia.
Asimismo, se estima que 89.9 por ciento de los trabajadores del sector construcción se encuentra en la informalidad, lo que implica la falta de prestaciones como seguridad social, aguinaldo y acceso a servicios de salud.
En cuanto a riesgos, la albañilería se mantiene como una de las actividades con mayor exposición a accidentes laborales. Entre los principales peligros se encuentran las caídas desde altura, golpes por materiales o maquinaria, derrumbes parciales, así como lesiones como fracturas o cortaduras.
A ello se suman condiciones adversas como la exposición prolongada al sol, altas temperaturas, lluvias o frío, además de jornadas extensas que incrementan el desgaste físico. Especialistas advierten que la falta de equipo de protección, la capacitación limitada y la presión por cumplir plazos de obra elevan el riesgo de incidentes.
En este contexto, el oficio de la albañilería continúa desarrollándose bajo condiciones que combinan exigencia física, exposición constante al riesgo y limitadas garantías laborales, en un sector donde la protección y la seguridad siguen siendo factores pendientes en gran parte de las obras.




