Presentan Festival Santa Lucía 2026; habrá más de 180 actividades
MONTERREY, NL., 11 de junio de 2026.- Miles de aficionados se preparan para hacer vibrar el Estadio Monterrey durante el Mundial 2026. Pero más allá de los goles, las estrategias y las banderas, hay un territorio donde México ya tiene la copa asegurada: la mesa.
El sazón mexicano, reconocido a nivel global como Patrimonio de la Humanidad, es una fiesta de contrastes, colores y texturas. Sin embargo, al aterrizar en tierras norteñas, la jugada culinaria cambia por completo.
Para los fanáticos que buscan recargar energía antes o después de los noventa minutos, la cocina local promete ser el complemento perfecto de una estancia inolvidable.
Para los turistas que pisan México por primera vez, la travesía culinaria arranca con los grandes referentes nacionales.
Los tacos se posicionan como la obra de arte más famosa del país. Aquí, la tortilla de maíz hecha a mano permite combinaciones que van desde los icónicos tacos al pastor con su toque de piña, a los guisados tradicionales que reposan en cazuelas de barro.
A la par, se encuentra el mole, una comida típica que combina ingredientes como chiles secos, especias, semillas y un sutil toque de chocolate, logrando un balance entre lo dulce y lo picante.
Para aquellos aficionados que buscan un plato robusto y reconfortante tras largas jornadas de viaje, el pozole se presenta como la opción ideal. Este caldo se elabora a base de granos de maíz tierno y carne de puerco o pollo. Se sirve caliente y se corona al gusto con lechuga, rábanos y abundante jugo de limón, siendo el mejor aliado para revivir el cuerpo después de los festejos.
También, los chiles en nogada aportan el toque de máxima gala al menú patriótico. Este platillo lleva chiles poblanos rellenos de un picadillo de carne y frutas, bañados en una tersa salsa de nuez de Castilla y queso, decorados con granos de granada roja y perejil.
A esta lista de íconos nacionales se suman los imperdibles antojitos a base de maíz que conquistan cualquier esquina. Los sopes, con su característica base de masa gruesa, sirven como el soporte perfecto para una capa de frijoles refritos, carne, crema, queso fresco y salsas picantes. En esa misma línea de comodidad y sabor se encuentran las flautas, tacos dorados y alargados que crujen a cada mordida, cubiertos con lechuga, queso y crema.
Por su parte, las enchiladas aportan otra dimensión al menú, mostrando la versatilidad de la tortilla doblada y bañada en salsas que van desde el picor del chile verde hasta la intensidad del chile rojo, acompañadas de su respectiva guarnición.
Finalmente, la experiencia callejera no estaría completa sin los elotes asados, un clásico de las plazas públicas que se sirve calientito, cubierto de mayonesa o crema, y espolvoreado con abundante queso y chile al gusto del consumidor.
Cuando se trata de comer en la Sultana del Norte, el emblema indiscutible y rey absoluto de la cocina del estado es el cabrito. Este manjar se cocina de cara a las brasas de leña o al pastor, una técnica que le otorga una suavidad inigualable que se desprende del hueso y un sabor ahumado único.
Muy de la mano con esta tradición se encuentra la carne asada, que más allá de un platillo, representa el ritual social más importante de los regiomontanos. Los cortes finos de res se arrojan al carbón al aire libre, creando un ambiente para convivir y armar los mejores tacos en tortillas de harina calientes con un buen guacamole.
Para iniciar el día con la energía necesaria antes de emprender el camino hacia el estadio, el machacado con huevo se erige como el almuerzo indiscutible. Esta potente preparación combina carne de res secada al sol y desmenuzada, la cual se dora en la sartén antes de integrarse con huevos revueltos, cebolla, tomate y chile.
Para cerrar el partido con un broche de oro, las tradicionales glorias de Linares ofrecen una experiencia dulce e inolvidable. Estos dulces artesanales se elaboran a base de leche quemada y azúcar que se vierte sobre trozos de nuez picada, envolviéndose en sus icónicos celofanes rojos, listos para conquistar el recuerdo de cualquier aficionado internacional.
Para el turismo internacional, la estancia en Nuevo León no solo representará la oportunidad de presenciar el mejor fútbol del planeta en el Estadio Monterrey, sino también de sumergirse en una riqueza culinaria invaluable.
Al final, probar y entender estos sabores —desde el picor de un mole tradicional hasta la comunión alrededor de un asador regio— será el boleto definitivo para comprender el corazón y la hospitalidad de México.




