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MORELIA, Mich., 6 de enero de 2026.- En medio del ruido de las bombas, los aviones y las radios militares, uno de los métodos de comunicación más eficaces de la Segunda Guerra Mundial no hizo ningún ruido: las palomas mensajeras. Cuando las transmisiones podían ser interceptadas o simplemente fallaban, estas aves se convirtieron en una herramienta clave para enviar información secreta a través de territorios ocupados por el enemigo.
El Reino Unido desarrolló una estrategia conocida como Operación Columba, que consistía en lanzar palomas desde aviones sobre zonas controladas por los nazis, principalmente en Francia y Bélgica. Junto a ellas se arrojaban pequeñas cápsulas con instrucciones para la población civil, que podía escribir mensajes con datos militares y atarlos a la pata del ave. Una vez liberadas, las palomas volaban de regreso a su palomar en Gran Bretaña.
Gracias a su extraordinario sentido de orientación, muchas lograron recorrer cientos de kilómetros atravesando zonas de combate, mal clima y constantes peligros. Sus mensajes contenían información valiosa sobre movimientos de tropas, defensas enemigas y ubicaciones estratégicas, convirtiéndose en una fuente de inteligencia imposible de interceptar por radio.
La importancia de estas misiones fue tal que varias palomas recibieron reconocimientos oficiales por valentía. En 1943 se creó la Medalla Dickin, considerada el equivalente animal de la Cruz Victoria, y más de treinta palomas fueron condecoradas por salvar vidas humanas o entregar información decisiva bajo condiciones extremas.
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