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MONTERREY, NL., 19 de octubre de 2025.- Entre los muros del histórico Hospital Muguerza, uno de los centros médicos más reconocidos de Monterrey, se esconde una de las leyendas paranormales más persistentes del norte del país. Se trata de La Planchada, una enfermera que, según testimonios de trabajadores y pacientes, continúa recorriendo los pasillos del hospital mucho después de su muerte.
Nadie sabe con certeza en qué época comenzó la historia, aunque algunos registros la sitúan entre las décadas de 1940 y 1950. Se cuenta que una joven enfermera, conocida por su impecable uniforme y su entrega al trabajo, se enamoró de un médico que prometió casarse con ella. Sin embargo, el hombre desapareció sin dejar rastro, y la joven cayó en una profunda tristeza.
Aun con el corazón roto, la enfermera siguió trabajando con dedicación, hasta que un día enfermó gravemente. Pese a los esfuerzos de sus compañeros, falleció en una de las habitaciones donde hoy, según dicen, se siente su presencia.
Desde entonces, comenzó a hablarse de una figura femenina vestida con un uniforme blanco perfectamente almidonado y una cofia planchada, que aparecía de madrugada entre los pasillos silenciosos del hospital. Su andar sereno, casi flotante, y su expresión tranquila despertaron más asombro que miedo.
Enfermeros, camilleros y médicos del turno nocturno aseguran haberla visto.
“Parece una compañera más”, cuentan.
“Camina despacio, entra a las habitaciones y revisa a los pacientes como si estuviera en servicio”.
Pero cuando alguien intenta hablarle o seguirla, desaparece sin dejar rastro, dejando tras de sí un aire helado y el aroma a desinfectante antiguo.
Algunos pacientes incluso narran haber recibido atención de una enfermera que no figura en la nómina del hospital. Una mujer amable, de voz suave, que acomoda las sábanas, administra medicinas y les dice que todo estará bien. Horas después, cuando preguntan por ella, el personal se queda en silencio: “Aquí no hay nadie con esa descripción”, responden.
Los relatos coinciden en un detalle: La Planchada nunca causa daño. Al contrario, parece buscar redimirse, continuar con su vocación más allá de la muerte. Se dice que su espíritu no encontró descanso debido al dolor y la culpa que la acompañaron en vida, y que su manera de expiarlo es cuidar a quienes sufren, sin importar el tiempo ni el plano en el que se encuentren.
“En las noches más tranquilas del hospital, cuando todo parece detenerse, se escuchan pasos suaves y el leve sonido de una bandeja metálica”, comenta un enfermero con más de veinte años de servicio.
“Sabemos que es ella, cumpliendo su guardia eterna”.
A lo largo de los años, el Hospital Muguerza se ha modernizado, pero la historia de La Planchada permanece. Los nuevos empleados la escuchan como una advertencia y un consuelo: una historia de amor, pérdida y vocación que trasciende la muerte.
Quienes creen en lo sobrenatural aseguran que su alma sigue ligada al hospital, caminando por los pasillos donde una vez curó, amó y sufrió. Los más escépticos prefieren llamarlo sugestión o cansancio del turno nocturno.
Pero en las madrugadas más silenciosas, cuando el reloj marca las tres y el eco de los pasos se mezcla con el zumbido de los monitores, más de uno asegura haber visto una silueta blanca desaparecer al final del corredor. Y aunque nadie puede probarlo, los Relatos de Nuevo León señalan que en el Muguerza, La Planchada nunca dejó de cuidar a sus pacientes.




