Pasan UANL y UDEM clases presenciales a modalidad en línea por lluvias
MONTERREY, NL., 17 de agosto de 2026.- Frente a un grupo de más de 20 alumnos, un maestro no solamente imparte clases. También planea, evalúa, revisa trabajos, atiende dudas, enfrenta conflictos, mantiene comunicación con padres de familia y responde a tareas administrativas que forman parte de la actividad docente.
En Nuevo León, la dimensión de esta responsabilidad puede observarse desde las propias cifras del sistema educativo. Durante el ciclo escolar 2024-2025, la entidad registró un millón 56 mil 894 alumnos de educación básica y 49 mil 470 docentes, de acuerdo con la estadística de la Secretaría de Educación Pública (SEP).
De esta forma, la relación promedio es de aproximadamente 21 alumnos por docente, aunque la presión cambia considerablemente según el nivel educativo. Por ejemplo, en primaria, donde se concentra la mayor matrícula, había 581 mil 838 estudiantes, 22 mil 654 docentes y 22 mil 121 grupos. La cifra representa alrededor de 26 alumnos por grupo y casi 26 estudiantes por docente.
Es decir, para un maestro de primaria, atender un grupo implica no solamente mantener la atención de decenas de menores durante la jornada, sino dar seguimiento a sus avances académicos y responder a las distintas necesidades que pueden presentarse dentro del mismo salón.
La carga laboral tampoco termina cuando los estudiantes abandonan el aula. Un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) señala que el trabajo docente incluye preparación de clases, evaluación, revisión de actividades, atención a padres de familia, tareas administrativas, capacitación y trabajo colaborativo con otros maestros.
En el caso de los docentes de secundaria, el IMCO estimó que en México destinan alrededor de mil horas al año a sus labores, frente a un promedio de 700 horas en los países de la OCDE.
Esta carga se distribuye a lo largo del ciclo escolar. De acuerdo con el calendario oficial 2025-2026, la educación básica contempla 185 días efectivos de clase, durante los cuales los docentes deben atender no solo las horas frente a grupo, sino también actividades de planeación, evaluación, seguimiento y atención a las familias.
Asimismo, la actividad docente exige permanecer durante periodos prolongados frente a los estudiantes, desplazarse dentro del aula y supervisar permanentemente las actividades escolares. A esto se suman las condiciones particulares de cada plantel y las actividades fuera del salón.
En Nuevo León, por ejemplo, la Secretaría de Educación ha tenido que implementar medidas preventivas ante las altas temperaturas, entre ellas recomendaciones relacionadas con la hidratación y evitar actividades al aire libre durante las horas de mayor calor.
Esto significa que las condiciones ambientales también forman parte de las exigencias físicas de una jornada escolar, particularmente durante los meses de temperaturas extremas. Pero el desgaste no se limita al cuerpo.
Uno de los datos que permite observar la dimensión emocional del trabajo educativo en Nuevo León proviene de la propia Secretaría de Educación.
Al inicio del ciclo escolar 2025-2026, el Gobierno estatal informó que el Instituto de Educación Socioemocional había atendido a más de mil 600 docentes por problemas socioemocionales.
Por otro lado, el mismo instituto había atendido alrededor de ocho mil estudiantes en más de 570 escuelas, además de identificar factores de riesgo y protección en más de 18 mil estudiantes.
Esto coloca a los maestros en una posición que va más allá de transmitir conocimientos: también deben detectar conductas, conflictos y posibles situaciones socioemocionales de sus alumnos y canalizarlas cuando requieren atención especializada.
Para el ciclo 2025-2026, Nuevo León reportó un millón 49 mil 573 alumnos de educación básica y 48 mil 812 docentes, distribuidos en 6 mil 633 escuelas públicas y particulares. La cifra equivale a unos 21.5 alumnos por docente en promedio.
Pero detrás de esa proporción hay realidades muy distintas: grupos numerosos, necesidades educativas diversas, actividades administrativas, evaluación, comunicación con las familias y atención de situaciones socioemocionales.
Por eso, medir la carga de un maestro únicamente con la cantidad de alumnos que aparecen en una estadística puede quedarse corto. En las aulas de Nuevo León, la jornada de un maestro puede terminar cuando sale el último alumno. Pero el trabajo, en muchos casos, todavía continúa.




