Yuridia y Eden Muñoz se acompañan en Bajón emocional
MONTERREY, NL., 27 de agosto de 2026.- Mucho antes de que la ciencia permitiera explicar y predecir los eclipses, estos fenómenos astronómicos despertaban asombro y temor entre las antiguas civilizaciones, que desarrollaron distintas historias y rituales para explicar por qué el Sol desaparecía temporalmente del cielo.
De acuerdo con UNAM Global Revista, la astrónoma Julieta Fierro Gossman, del Instituto de Astronomía de la UNAM, explicó que era comprensible que los eclipses provocaran sorpresa entre las sociedades antiguas, pues durante un eclipse solar el cielo podía oscurecerse en pleno día y permitir incluso la aparición de algunas estrellas.
En distintas culturas surgieron relatos en los que alguna criatura o deidad era responsable de que el Sol dejara de verse. En la antigua China, por ejemplo, se creía que un dragón devoraba al Sol y que, mediante el ruido provocado por las personas podían conseguir que lo escupiera.
Una creencia similar existía entre los mexicas, quienes consideraban que una deidad podía morder al Sol durante un eclipse.
Estos fenómenos tenían así un significado que iba mucho más allá de lo astronómico y estaban relacionados con sus creencias religiosas.
Uno de los acontecimientos relacionados con estas creencias ocurrió en 1325, durante la fundación de México-Tenochtitlan. Según la información publicada por UNAM Global Revista, en el momento en que se colocó la primera piedra de la ciudad se habría observado un eclipse.
La tradición cuenta que en aquel lugar había un nopal con tunas rojas y maduras, las cuales fueron interpretadas como una representación de los corazones de personas sacrificadas. Esta simbología quedó relacionada con la imagen del águila sobre el nopal.
Los eclipses también estaban vinculados con rituales y presagios dentro de la sociedad mexica. Entre las prácticas descritas se encuentra la realización de sacrificios durante estos fenómenos, así como creencias que involucraban a las mujeres embarazadas, quienes utilizaban objetos de pedernal como una forma de prevenir posibles daños en sus hijos.
Mientras los eclipses podían generar temor y explicaciones sobrenaturales, los antiguos mayas desarrollaron un conocimiento avanzado de los movimientos celestes.
En la UNAM Global Revista se describió que los mayas realizaban observaciones sistemáticas del cielo y utilizaban instrumentos formados por varillas, una horizontal y otra vertical, acompañadas de una plomada y una mirilla, con las que podían determinar la posición y altura de los astros en el horizonte.
Su conocimiento les permitió predecir eclipses y registrar estos fenómenos, dejando constancia de sus observaciones en el Códice de Dresde.
Los astrónomos mayas conocían la duración aproximada de los ciclos de la Luna y del Sol y utilizaban estos datos para calcular cómo ambos cuerpos celestes podían alinearse.
En la actualidad, los eclipses son explicados desde la astronomía y ya no se consideran señales divinas ni presagios de acontecimientos futuros. Tanto los eclipses solares como los lunares ocurren debido a la alineación de la Tierra, la Luna y el Sol, aunque cada uno se produce de manera distinta.
A pesar de las explicaciones científicas, algunas creencias relacionadas con estos fenómenos continúan presentes. Entre ellas se encuentran ideas como que los eclipses pueden afectar a las mujeres embarazadas, provocar malformaciones en los bebés, alterar los alimentos o generar cambios físicos y emocionales en las personas.
Otra creencia que persiste alrededor de los eclipses es que estos fenómenos pueden anticipar o incluso provocar desastres naturales, como terremotos, tsunamis o erupciones volcánicas. Aunque durante los eclipses existen variaciones en las fuerzas de marea debido a la alineación de la Tierra, la Luna y el Sol, no existe evidencia científica que permita utilizar estos fenómenos para predecir desastres naturales o establecer que los eclipses sean responsables de provocarlos.
Actualmente, los eclipses pueden predecirse con gran precisión gracias al conocimiento de los movimientos de los cuerpos celestes. Esto permite determinar con anticipación cuándo ocurrirán, qué tipo de eclipse será, qué regiones podrán observarlo y cuánto tiempo durará.




