Rescatan a jabalí atrapado en una fosa de cuatro metros en Monterrey
MONTERREY, NL., 17 de septiembre de 2025.- Hace 37 años, la fuerza del Huracán Gilberto dejó una huella imborrable en Monterrey y en la memoria de miles de familias nuevoleonesas. La noche del viernes 16 de septiembre de 1988, mientras el país celebraba las fiestas patrias, la tormenta tropical que había devastado días antes a Jamaica y a los estados de Yucatán y Tamaulipas, cambió su rumbo e impactó con furia en Nuevo León.
Los reportes meteorológicos de aquel entonces registraron vientos cercanos a los 300 kilómetros por hora. Para el amanecer del sábado 17 de septiembre, el río Santa Catarina y el arroyo El Obispo, en San Pedro Garza García, mostraban una crecida nunca antes vista.
En cuestión de minutos, las aguas arrasaron con todo a su paso: viviendas construidas en los márgenes del río, juegos mecánicos instalados en las orillas, campos deportivos y asentamientos completos desaparecieron bajo la corriente.
Vecinos de la zona recuerdan estruendo del agua y oleaje desbordado.
“Desde las 5:30 de la mañana se escuchaba el rugido del río. Desde la calle Nuevo León, en la colonia Independencia, podíamos ver la magnitud de lo que estaba sucediendo”, relató un testigo que vivía a tan solo cuatro cuadras del cauce del Santa Catarina.
Las actividades escolares y laborales se suspendieron, incluyendo los tradicionales laboratorios de los sábados en la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (FIME) de la UANL, mientras la ciudad intentaba dimensionar el desastre.
Las cifras oficiales superaron las mil víctimas mortales, aunque con el paso del tiempo diversos testimonios y recuentos ciudadanos sostienen que el número real podría haber sido mayor, dada la magnitud de la tragedia y la dificultad para contabilizar a las familias enteras que fueron arrasadas por las aguas.
Un año después, el 17 de septiembre de 1989, se erigió el monumento de la Flama de la Solidaridad, ubicado en el puente de la avenida Gonzalitos, entre Morones Prieto y Constitución. La obra se levantó como un símbolo en memoria de las víctimas, pero también como un homenaje a los héroes anónimos que participaron en los rescates y brindaron ayuda a los damnificados.
Hoy, a 37 años de distancia, el Huracán Gilberto sigue siendo recordado como uno de los desastres naturales más devastadores en la historia de Monterrey, no solo por la magnitud de la destrucción, sino por la solidaridad que despertó en medio del dolor.





