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MONTERREY, NL., 05 de septiembre de 2026.- “Galleta” llegó a “Kawayo” a la defensiva. El maltrato que sufrió durante años la volvió hostil y desconfiada. “Canela”, en cambio, parece haber dejado atrás su pasado: después de ser obligada a jalar un carretón, ahora permite que las personas se acerquen e incluso la abracen.
Son dos de las historias detrás de “Kawayo”, el nuevo santuario para equinos que inició operaciones en Nuevo León con un corte de listón simbólico y que busca convertirse en un refugio para caballos víctimas de maltrato, abandono o años de trabajo forzado.
El proyecto estuvo acompañado e impulsado por el activista por los derechos de los animales y el medio ambiente Arturo Islas Allende, con el respaldo del secretario General de Gobierno, Miguel Flores Serna, y su familia, quienes facilitaron parte de las instalaciones de un rancho familiar.
El santuario arrancó con 15 caballos, aunque sus impulsores contemplan recibir hasta 350 ejemplares de manera gradual y responsable. El espacio dispone de alrededor de mil 100 hectáreas destinadas a la recuperación y al libre pastoreo.
La intención es que “Kawayo” pueda recibir equinos no sólo de Nuevo León, sino también de otras partes del país, y que su operación sirva para generar mayor conciencia sobre el trato que reciben los animales utilizados como herramientas de trabajo.
Islas Allende explicó que algunos de los primeros caballos fueron entregados voluntariamente por sus propietarios, quienes decidieron retirarlos después de años de servicio.
“Normalmente son caballos de carga, son caballos de trabajo en los que tratamos de sensibilizar a las personas, entendiendo que a veces es mucha gente que tiene una vida muy complicada y que es su herramienta de trabajo”, señaló.
El activista detalló que las condiciones de los ejemplares son distintas. Algunos sólo requieren alimentación y atención médica para recuperar su condición, mientras que otros llegan con daños más severos, particularmente en las pezuñas y la dentadura.
Por ello, antes de ser liberados en las áreas de pastoreo, los animales pasan por una etapa de recuperación y cuarentena, donde reciben hidratación, alimentación, revisiones médicas y dentales, además de seguimiento constante.

La historia de “Galleta” refleja precisamente ese proceso. El comportamiento hostil que mostraba al ser rescatada estaba relacionado con el maltrato recibido, por lo que su recuperación no sólo implica atender sus lesiones físicas, sino también permitirle recuperar la confianza.
“Canela”, por su parte, representa otro tipo de transformación. Tras ser utilizada para jalar un carretón en trabajos forzados, ahora puede acercarse a las personas y dejarse abrazar.
Durante la apertura, ambas historias fueron presentadas como ejemplo de lo que se busca conseguir en el santuario: que los caballos dejen atrás jornadas de trabajo y condiciones de abuso para recuperar su salud y tener una vida en libertad.
Flores Serna relató que su involucramiento en el proyecto comenzó después de acompañar a Islas Allende en uno de los rescates y conocer de cerca las condiciones en las que se encontraba un caballo que durante 14 años había sido utilizado para transportar cargas pesadas.
“Cuando entiendes que un pobre caballo durante 14 años ha jalado toneladas y toneladas, pues me tocó el corazón y fue donde nace este proyecto”, expresó.
El funcionario subrayó que el crecimiento del santuario deberá ser gradual, pues el objetivo no es acumular animales, sino garantizar que cada ejemplar reciba los cuidados necesarios.
“De nada sirve estar rescate y rescate y no darles el cuidado y la atención que se merecen”, sostuvo.
Con el corte de listón simbólico, “Kawayo” abrió sus puertas como un espacio de recuperación para caballos que pasaron buena parte de su vida trabajando. La apuesta es que, entre las mil 100 hectáreas de pastoreo, historias como las de “Galleta” y “Canela” puedan tener un final distinto: uno en el que ya no tengan que cargar, jalar ni trabajar para sobrevivir.





