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MONTERREY, NL., 29 de octubre de 2025.- En el corazón de Monterrey, entre los muros silenciosos del histórico Panteón El Carmen, vive una de las leyendas más entrañables y misteriosas del estado de Nuevo León. Se trata de Gregorio Alanís González, mejor conocido como Goyito, el Niño del Violín, cuya historia ha sido transmitida de generación en generación, cobrando fuerza especialmente en fechas como el Día de Muertos y Halloween.
Nacido el 17 de noviembre de 1895 en la comunidad de El Cercado, en el municipio de Santiago, Gregorio fue hijo único de una familia acomodada. Desde muy pequeño demostró un talento excepcional para la música, en especial para el violín, lo que llevó a sus padres a regalarle un instrumento de la prestigiosa marca Stradivarius. Con él, Goyito deleitaba a propios y extraños interpretando piezas de grandes compositores como Mozart y Beethoven.
Pero la promesa de un futuro brillante se apagó prematuramente. El 3 de agosto de 1903, a los 13 años, Gregorio falleció en el vecino estado de Coahuila, donde su padre tenía negocios. Aunque las versiones sobre su muerte varían, una de las teorías más aceptadas es que fue víctima de tuberculosis, enfermedad común y difícil de tratar en esa época.
Su cuerpo fue trasladado a Monterrey y sepultado en el Panteón El Carmen. En su honor, sus padres mandaron esculpir una estatua de mármol a tamaño real, obra del artista italiano Michele Giacomino. La figura muestra a Gregorio con su violín bajo el brazo, eternamente joven y sereno.

Con el paso de los años, comenzaron a surgir testimonios de personas que aseguraban escuchar el suave y melancólico sonido de un violín durante la madrugada, proveniente del cementerio. Algunos aseguran haber visto una pequeña figura vagando entre las tumbas, violín en mano. Para los creyentes, no hay duda: se trata de Goyito, quien sigue deleitando con su música desde el más allá.
Hoy, la leyenda del Niño del Violín forma parte del folclor urbano de Monterrey. Ya sea por curiosidad, por fe o por el gusto de mantener vivas nuestras tradiciones, cientos de personas visitan su tumba cada año, especialmente durante la temporada de Día de Muertos.
Entre el mito y la historia, la figura de Goyito sigue viva, recordándonos que incluso después de la muerte, la música —y las leyendas— pueden perdurar.




