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MONTERREY, NL., 30 de marzo de 2026.- Durante la temporada de Semana Santa, la mesa de las familias en Nuevo León se transforma para dar paso a una tradición culinaria que combina la fe religiosa con ingredientes locales, donde predominan los platillos de vigilia y recetas heredadas por generaciones.
En este periodo, marcado por la reflexión espiritual, muchas personas evitan el consumo de carne roja como parte de la Cuaresma, lo que ha dado origen a una rica variedad de comidas basadas en pescado, mariscos, legumbres y vegetales, elementos que han definido la identidad gastronómica de la región durante estas fechas.
Entre todos los platillos, destaca como protagonista la capirotada, considerada el postre emblemático de la temporada.
Elaborada con pan tostado, piloncillo, queso, cacahuates, pasas y grageas, esta receta no solo representa un legado culinario, sino también un símbolo de unión familiar, presente en la mayoría de los hogares regiomontanos.
En el apartado salado, uno de los platillos más representativos son las tortitas de camarón con nopales, preparadas con camarón seco y huevo, generalmente servidas en caldillo de tomate.
También destacan los chiles rellenos de queso o atún, una alternativa clásica para quienes siguen la tradición de evitar la carne roja.
Asimismo, las lentejas y las habas forman parte fundamental de la dieta en estos días, ya sea en sopas o guisados caldosos, aportando nutrientes y manteniendo el equilibrio entre tradición y alimentación.
El pescado y los mariscos también ocupan un lugar central en la gastronomía de la temporada, con preparaciones como mojarras doradas, filetes empapelados y cócteles de camarón, ampliamente consumidos en distintos municipios del estado.
Un platillo menos conocido, pero profundamente arraigado en algunas localidades como El Carmen, es el de los chicales, un guiso elaborado a base de maíz secado al sol, que refleja las raíces rurales y la riqueza gastronómica de la entidad.
Además, aunque la vigilia marca el menú de muchos hogares, en algunas zonas también persisten tradiciones como el asado de puerco y los empalmes, especialmente en reuniones familiares, lo que demuestra la diversidad culinaria del estado.
Dentro de esta oferta gastronómica también destacan opciones como el pescado frito o en caldo, las tortitas de papa, los nopales con huevo o en ensalada, así como caldos y sopas de verduras, que continúan siendo parte esencial de la cocina de temporada.
En el apartado dulce, además de la capirotada, no pueden faltar las empanadas dulces rellenas de cajeta, piña o calabaza, así como el arroz con leche, postres tradicionales que acompañan las celebraciones religiosas y familiares.
Más allá de los ingredientes, la comida de Semana Santa representa un momento de convivencia, reflexión y continuidad cultural, donde cada platillo cuenta una historia ligada a la fe y a las costumbres del norte del país.
En Monterrey y su zona metropolitana, esta tradición se vive en familia, donde cocinar y compartir los alimentos se convierte en un espacio de unión y fortalecimiento de valores.
Así, la gastronomía de Semana Santa en Nuevo León no solo alimenta el cuerpo, sino que también nutre el espíritu, preservando una herencia cultural que sigue vigente en cada hogar regiomontano.




