Presentan Festival Santa Lucía 2026; habrá más de 180 actividades
MONTERREY, NL., 26 de octubre de 2025.- María Luisa, una muchacha que, se dice, era tan hermosa como orgullosa, bailó con el mismísimo Lucifer y a partir de aquella noche, el municipio de Abasolo, Nuevo León, no volvió a ser el mismo.
María Luisa, que aunque portadora de una belleza de otro mundo, relucía por su vanidad y orgullo. A pesar de que tenía la costumbre de despreciar a los hombres de su pueblo, aquel día había jurado que bailaría con uno… aunque solo con el más apuesto.
Luciendo sus mejores ropas, así como las alhajas más deslumbrantes, María Luisa acudió al baile. Si bien, el ambiente yacía cargado de risas y alegría, la muchacha se mantenía expectante, solamente aguardando por el caballero que sería digno de bailar con ella… excepto que acabaría bailando con todo, menos con uno.
A medianoche, María Luisa empezaba a pensar que el hombre perfecto quizás no llegaría, quizás no existiría, quizás no había uno el cual justificara su propio orgullo. Sin embargo, en aquel momento, cuando el reloj marcó las doce, llegó un joven al cual describirlo solo como “apuesto” se quedaría corto y ni hablar de su porte.
El caballero por quien María Luisa había esperado impaciente acaparó de inmediato todas las miradas, inclusive las de los músicos, quienes ocuparon detener momentáneamente la canción para así poder contemplarlo.
Como si hubiera leído los pensamientos de María Luisa, el enigmático muchacho se dirigió directamente hacia ella para invitarla a bailar. Naturalmente, ella aceptó. Entonces, se convirtieron en la pareja central de la fiesta. Bailaron con una pasión y una coordinación que, cuentan, dejaba a todos hipnotizados.
Después de horas de bailar, el misterioso joven le propuso salir al jardín para tomar un poco de aire. A todo ello, María Luisa concluyó que por fin recibiría una declaración de amor de alguien a quien sí podría corresponder.
En el jardín, bajo la oscuridad de la noche, el joven se acercó en silencio. María Luisa cerró los ojos y esperó un beso, pero el apuesto hombre hizo algo diferente: la abrazó.
En aquel instante, María Luisa sintió un calor abrasador que le recorrió el cuerpo, y soltó un grito desgarrador. Al soltarse de su agarre mediante empujones, lo que notó la perseguiría hasta el día de su muerte: el muchacho tenía, por pies, una pata de gallo y una pezuña de cabra.
Alarmados por el grito, los asistentes corrieron al jardín y encontraron a María Luisa inconsciente en el suelo. Al recobrar la conciencia, en el área de sus hombros y espalda, tenía grabadas las huellas de unas manos en forma de quemaduras.
Así, los pobladores se dieron cuenta de que el apuesto muchacho no era un simple hombre; era el Diablo en persona. Había acudido al baile para castigar el orgullo y la vanidad de la joven.
Se dice que, las marcas, fueron el recuerdo imborrable de su encuentro y que la historia se convirtió en una advertencia para todo el municipio de Abasolo.




