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MONTERREY, NL., 30 de octubre de 2025.- En las vías del tren al sur de San Antonio, Texas, se esconde un misterio que desde hace décadas atrae a curiosos, escépticos y buscadores de lo paranormal. En el cruce de Villamain Road y Shane Road, un sitio conocido como las vías embrujadas guarda una de las leyendas urbanas más inquietantes del sur de Estados Unidos.
Cuenta la historia que, en algún momento de la década de 1930 o 1940, una monja conducía un autobús escolar con 10 niños a bordo. Al intentar cruzar las vías, el vehículo se habría quedado varado justo cuando se aproximaba un tren. El impacto, según el relato popular, fue devastador: los pequeños murieron en el lugar, y desde entonces sus almas permanecen ahí, atrapadas entre el tiempo y el recuerdo.
El suceso marcó, según los habitantes, la memoria colectiva de la comunidad. Y aunque no existen registros oficiales de un accidente de esa magnitud en San Antonio, ni informes en archivos locales, la leyenda ha sobrevivido y crecido con los años, posiblemente confundida con un hecho real ocurrido en Utah en 1938, donde un autobús escolar sí fue arrollado por un tren, dejando más de veinte víctimas.
Pese a la falta de documentos que lo confirmen, miles de visitantes, muchos regiomontanos, han acudido al cruce texano para vivir la experiencia por sí mismos. La tradición dice que, si detienes el automóvil sobre las vías, lo pones en punto muerto y apagas el motor, el carro comienza a moverse lentamente hacia un lugar seguro, como si manos invisibles lo empujaran para alejarlo del peligro.

Muchos cubren la parte trasera de los vehículos con talco antes de intentarlo, y aseguran que después aparecen pequeñas huellas, del tamaño de las manos de un niño. Las fotografías y videos abundan en redes sociales; algunos lo ven como un fenómeno inexplicable, otros como simple ilusión óptica producto de la pendiente del terreno.
¿Leyenda urbana o fenómeno paranormal? en San Antonio, la respuesta parece no importar. Lo cierto es que el mito ha trascendido generaciones y fronteras, convirtiendo al cruce en un punto emblemático del folclore local. Cada año, especialmente en octubre, decenas de personas acuden a dejar flores, juguetes y velas por los pequeños que, según se dice, nunca dejan de proteger a los vivos.




