Llenan de fantasmas y personajes de terror las aulas de la UANL por Halloween
MONTERREY, NL., 15 de mayo de 2026.- Mientras cientos de maestros celebrarán este 15 de mayo su vocación frente a grupo, existe otra figura educativa que pocas veces aparece en los homenajes, pero que diariamente acompaña de cerca los retos emocionales, conductuales y académicos de niñas, niños y jóvenes: los maestros monitor, mejor conocidos como maestros sombra.
Su labor no solo consiste en apoyar dentro del salón de clases. También implica convertirse en guía, respaldo emocional y puente entre alumnos, familias y escuelas, especialmente en casos relacionados con neurodivergencias, Trastorno del Espectro Autista (TEA), síndrome Prader-Willi (SPW) y otras condiciones que requieren acompañamiento especializado.
Así como en la naturaleza una sombra protege y acompaña, estos profesionistas buscan que sus alumnos puedan desenvolverse de mejor manera en su vida escolar y social.
Aunque cada vez existe una mayor demanda de este tipo de apoyo educativo, todavía son pocos quienes deciden especializarse en un trabajo que exige preparación profesional, paciencia, estabilidad emocional y una profunda vocación de servicio.
Para Yadira Hernández, maestra monitor y licenciada en Psicología y Neurociencias, el deseo de trabajar con niños nació desde hace años, particularmente por el interés de acompañarlos en las primeras etapas de su desarrollo.
“Me motivó el deseo de acompañar y apoyar a niños en etapas fundamentales de su desarrollo. La etapa preescolar siempre me ha parecido muy importante porque es cuando comienzan a descubrir quiénes son, cómo relacionarse con los demás y cómo regular sus emociones”, compartió.
Explicó que el acompañamiento dentro del campo de la neurodiversidad también cambió su manera de entender el mundo.
“Trabajar dentro del campo de la neurodiversidad me ha permitido comprender distintas formas de percibir y experimentar el mundo, y eso ha enriquecido profundamente mi perspectiva tanto profesional como personal”.
Detrás de cada jornada existen retos constantes, desgaste emocional y una atención prácticamente permanente hacia las necesidades de cada alumno.
“Hay días llenos de energía y otros más cansados, pero siempre con rutinas claras, mucha paciencia y disposición emocional. Es un trabajo que requiere atención constante, empatía y la capacidad de adaptarse a cada proceso individual”, relató.
Sin embargo, asegura que las recompensas emocionales llegan en los pequeños avances cotidianos.
“Lo que más disfruto es poder observar los avances de cada niño, ver cómo desarrollan nuevas habilidades, ganan confianza y poco a poco logran mayor independencia. Ser parte de ese proceso y acompañarlos en momentos tan importantes de su crecimiento es algo muy significativo para mí”.
Yadira considera que, aunque Nuevo León ha avanzado en temas de inclusión educativa, todavía hacen falta mayores condiciones para que el acompañamiento especializado pueda llegar a más familias.
“Aunque ha habido avances, todavía falta mucho por mejorar en temas de inclusión y acompañamiento educativo. Considero importante darle mayor reconocimiento y visibilidad al trabajo que realiza un maestro sombra, así como generar más apertura y regulación dentro de las escuelas públicas”.
Añadió que todavía existen muchas barreras para integrar adecuadamente este tipo de apoyos dentro del sistema educativo.
“Aún existen muchas limitaciones para que este tipo de apoyo pueda integrarse de manera adecuada y accesible para todas las familias que lo necesitan”.
En el marco del Día del Maestro, pidió a las autoridades fortalecer realmente la educación inclusiva.
“Me gustaría que se continuara impulsando una educación verdaderamente inclusiva, donde existan más recursos, capacitación y apoyo para quienes trabajan acompañando procesos educativos y conductuales”.
También envió un mensaje especial a sus alumnos.
“Les recordaría que cada avance, incluso el más pequeño, tiene un gran valor. Que todos aprendemos de formas y tiempos distintos, y que eso no disminuye sus capacidades”.

Por separado, Wendy Gámez, otra especialista en acompañamiento educativo, explicó que además del trabajo dentro del aula, gran parte de su tiempo se destina a tareas administrativas y reportes.
“Mi día a día consiste en preparar clases, apoyar a los alumnos en sus actividades y buscar que aprendan de una manera tranquila y motivadora. Aunque parte del día se me va realizando bitácoras para prevenir alguna situación que afecte mi trabajo en lugar de dedicarlo al 100 por ciento al apoyo de mis alumnos”.
Aseguró que la motivación principal de su profesión es ayudar a que niños y jóvenes descubran sus capacidades y ganen confianza.
“Me motivó el deseo de ayudar a los niños y jóvenes a desarrollar sus capacidades y sentirse seguros de sí mismos”.
Wendy coincidió en que actualmente existe una mayor conciencia social sobre la necesidad de brindar acompañamiento individualizado, aunque consideró que este apoyo debería formar parte de los servicios públicos educativos.
“Sí, actualmente hay más demanda porque existe mayor conciencia sobre la importancia de brindar apoyo personalizado a los estudiantes, más sin embargo, las maestras sombra debería ser un servicio que brinde el gobierno así como los maestros de la UDEI”.
También señaló algunas de las problemáticas que enfrentan diariamente los docentes y especialistas en inclusión.
“La falta de recursos en las escuelas, la carga administrativa excesiva y la poca empatía de las autoridades para atender de manera adecuada a cada alumno”, mencionó.
Pese a ello, asegura que la mayor satisfacción sigue siendo observar el crecimiento de sus estudiantes.
“Lo que más me gusta es ver el avance de los alumnos y saber que puedo ayudarles a sentirse incluidos y capaces”.
En una profesión donde muchas veces el trabajo ocurre en silencio, lejos de los reflectores y con poco reconocimiento, los maestros sombra continúan acompañando procesos de aprendizaje que transforman vidas, construyen confianza y abren espacios para una educación más humana e incluyente.




