Reúne TecSalud a especialistas para fortalecer la atención de enfermedades cardiovasculares
MONTERREY, NL., 28 de febrero de 2026.- Alrededor de 300 personas participaron este 28 de febrero en una marcha y caminata conmemorativa por el Día de las Enfermedades Raras en la Macroplaza de Monterrey. Familias completas, niñas, niños, jóvenes y adultos mayores se unieron bajo el lema Raras Pero No Invisibles para recordar que detrás de cada diagnóstico hay historias de lucha, esperanza y resistencia.
El contingente partió poco antes de las 15:00 horas desde el Palacio de Gobierno, sobre la avenida Zaragoza, escoltado por elementos de la Policía y Tránsito de Monterrey. Con carteles que pedían empatía y mayor inclusión, y con figuras de cebras —símbolo internacional de este día—, los asistentes buscaron sensibilizar a la ciudadanía sobre los retos que enfrentan quienes viven con una enfermedad poco frecuente o acompañan a un ser querido en ese proceso.
Las enfermedades raras reciben esta denominación por su baja incidencia y prevalencia en comparación con el resto de la población. Sin embargo, en los últimos años las familias han alzado la voz para exigir visibilidad, acceso a diagnósticos oportunos, tratamientos adecuados y políticas públicas que garanticen inclusión, educación y atención médica especializada.
“La odisea del diagnóstico de una enfermedad rara es de entre cinco, ocho o hasta diez años, y detectarla a tiempo puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte de nuestros hijos”, expresó Argelia Conejo, madre de un joven que vive con una cromosomopatía considerada poco frecuente.
Compartió que la búsqueda de especialistas suele ser un camino largo y desgastante.
“Vamos de especialista en especialista hasta encontrar un diagnóstico. Es muy difícil y pesado, tanto emocional y mentalmente como económicamente”, señaló.
El recorrido avanzó por la calle Juan Ignacio Ramón y continuó por Zuazua hasta llegar a la explanada cultural entre el Palacio de Gobierno y LabNL, adaptándose al paso de varios asistentes que utilizaban andadores o sillas de ruedas. Más que una limitación, su presencia evidenció la diversidad de condiciones y la fortaleza de quienes enfrentan día a día barreras físicas y sociales.
En el punto final se vivió un ambiente festivo y solidario. Hubo toma de fotografías y un muro móvil donde se plasmaron manos con mensajes de salud, unidad y esperanza. Cada trazo representó el deseo de una comunidad que, aunque pequeña en números, es grande en determinación y que continúa exigiendo ser vista, escuchada y atendida por las autoridades y por la sociedad en su conjunto.





