Incendio consume habitación en San Nicolás
MONTERREY, NL., 17 de septiembre de 2026.- Este jueves 17 de septiembre de 2026 se cumplen 38 años de una de las fechas que quedaron marcadas en la memoria colectiva de Nuevo León: el paso del huracán Gilberto, fenómeno que en septiembre de 1988 provocó lluvias extraordinarias, inundaciones y una devastación que transformó durante horas el paisaje de Monterrey y su zona metropolitana.
La tragedia comenzó a tomar fuerza desde la tarde del viernes 16 de septiembre de 1988, cuando las lluvias se intensificaron en Monterrey y diferentes municipios de Nuevo León. Con el paso de las horas, las precipitaciones aumentaron y durante la madrugada del sábado 17 de septiembre, el agua cayó con una intensidad extraordinaria.
Uno de los puntos más afectados fue el río Santa Catarina, cuyo caudal aumentó considerablemente. La fuerza de la corriente provocó el arrastre de vehículos, árboles y diversos objetos, además de causar daños en infraestructura y zonas cercanas al cauce.
Los arroyos de la zona metropolitana también incrementaron sus niveles, generando una situación de emergencia que tomó dimensiones cada vez mayores conforme avanzaba la madrugada.
Al amanecer, Monterrey enfrentó un escenario completamente distinto al de apenas unas horas antes. Calles inundadas, vehículos arrastrados, árboles derribados y daños en viviendas, negocios y vialidades formaban parte del panorama que dejó el fenómeno.
La emergencia también provocó afectaciones en servicios básicos, entre ellos el suministro de agua potable y energía eléctrica, mientras miles de familias enfrentaban las consecuencias de las inundaciones y los daños ocasionados por la fuerza del agua.
La magnitud del desastre dejó a la ciudad prácticamente paralizada y generó una intensa movilización para atender a las personas afectadas, rescatar a quienes se encontraban en zonas de riesgo y comenzar las labores de recuperación.
El huracán Gilberto se había formado días antes como un sistema tropical en el Atlántico y llegó a convertirse en uno de los ciclones más intensos de aquella temporada. Su trayectoria por el Caribe y posteriormente por territorio mexicano provocó importantes afectaciones, particularmente en el noreste del país.
En Nuevo León, sin embargo, su recuerdo quedó asociado de manera especial con aquella madrugada del 17 de septiembre de 1988, cuando el río Santa Catarina mostró una fuerza extraordinaria y puso en evidencia la vulnerabilidad de una ciudad ubicada en un territorio atravesado por cauces y arroyos.

A 38 años de distancia, las imágenes de aquella tragedia continúan formando parte de la historia de Monterrey y de Nuevo León. Para quienes vivieron el fenómeno, aquella madrugada permanece como un recuerdo difícil de borrar.
El sonido de la lluvia, el incremento de los niveles del agua, la preocupación de las familias y el panorama que apareció con las primeras horas del día quedaron grabados en la memoria de toda una generación.
El 17 de septiembre de 1988 no fue solamente una fecha marcada por un fenómeno meteorológico. Se convirtió en un episodio que modificó la percepción de los riesgos asociados a las lluvias y a los cauces naturales de la zona metropolitana.
Hoy, 38 años después, Nuevo León vuelve la mirada hacia aquel acontecimiento para recordar a quienes lo vivieron y mantener presente una de las páginas más difíciles de su historia reciente.
17 de septiembre de 1988. Una fecha que el paso del tiempo no ha conseguido borrar de la memoria de Nuevo León.




