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MONTERREY, NL., 10 de septiembre de 2026.- En el marco del 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la psicóloga clínica con enfoque psicoanalítico, Andrea Gómez, señaló que hablar de manera directa sobre el deseo de morir o la falta de sentido para continuar viviendo puede ser una señal de alerta que no debe minimizarse.
La especialista desmintió el mito de que, si una persona lo pone en palabras, es porque no pasará o lo hace por “llamar la atención”. Además, enumeró señales de alarma como el aislamiento, el abuso de sustancias o dejar de lado actividades que anteriormente se disfrutaban.
“Está este mito de que si alguien lo dice no va a pasar y que es nada más para llamar de alguna manera la atención. Yo creo que esa es una de las señales, que alguien lo diga textualmente; que está cansado de vivir, que se quiere morir, que ya no encuentra algún sentido.
“Señales también como el aislamiento, como notas que alguna persona antes tenía una rutina en su día o ciertas actividades que lo definían de cierta forma como persona y de un momento a otro ya no, algún abuso de sustancias como para evitar cierta realidad”, asimismo, enlistó el hecho de que se dificulte pedir ayuda o se dé por perdido recibir acompañamiento.
Explicó que los signos de alarma entre adolescentes, adultos y personas de la tercera edad son distintos debido al grado de energía, a las ocupaciones y a que los trastornos como la depresión y la ansiedad se presentan de diferente manera en cada población.
“Tal vez la depresión en un adulto mayor va a ser más como el ya no querer ver a gente, o ya no salir de su cuarto, o estar mucho tiempo dormidos; y puede que otra persona más joven lo refleje con abuso de sustancias o lo refleje teniendo comportamientos de riesgo”.
“No creo que sea algo que defina a cada grupo de edad; varía de persona a persona. Pero, sí, la energía y la etapa de vida va a influir en cómo lo refleja”, detalló.
La psicóloga clínica detalló que, en caso de sospechar que algún familiar, amigo o persona cercana tiene pensamientos suicidas, la empatía es fundamental.
“Es importante pensar con empatía, ponernos en ese lugar. Ya estamos teniendo cierta empatía en decir ‘okey, no la está pasando bien’ entonces si nos pusiéramos en ese lugar no nos gustaría escuchar el típico ‘hay personas que están pasando cosas peores’, o ‘tienes todo para ser feliz’ o ‘échale ganas, todo va a estar bien’”, por el contrario, la especialista dijo que escuchar, hacer saber que cuentan contigo y preguntar “¿cómo estás?” hacen la diferencia.
Por otro lado, señaló que si existe un riesgo que ya esté pasando a la acción, es importante buscar la red de apoyo de la persona para contactarla, con el fin de prevenir y acercarle una ayuda más urgente.
La psicóloga afirmó que, si bien son cada vez menos los tabúes o mitos con respecto a la salud mental, aún falta trabajo por hacer.
Entre ellos, resaltó que continúa la creencia de que se debe estar pasando por algo considerado socialmente grave para buscar ayuda y que, en cuestión de género, también se relaciona con la supuesta debilidad de pedir ayuda.
“Yo que lo veo con los niños, con la primera infancia, creo que los papás están más conscientes de que la ayuda es justo para recibir herramientas que van a servir para toda la vida y no nada más cuando ya estemos en situación de crisis”.
Para quienes han perdido a un ser querido por suicidio, la psicóloga habló sobre la posvención y el apoyo que se brinda a los familiares y personas cercanas por parte de tanatólogos o psicólogos especializados en duelo.
“Porque pueden aparecer emociones como culpa, enojo, dudas de qué se pudo haber hecho y el acompañamiento psicológico, tanatológico, para las familias y personas cercanas a una persona que muere por suicidio es muy importante”.
Finalmente, la especialista Gómez invitó a las personas a buscar espacios donde puedan hablar de lo que piensan o sienten de manera respetuosa y libre, ya sea de forma privada o mediante centros gratuitos de atención. Señaló que todas las personas deberían tener la oportunidad de sentirse más aliviadas de las situaciones que enfrentan en el día a día o de aquellas que han cargado durante años.




