Presentan Festival Santa Lucía 2026; habrá más de 180 actividades
MONTERREY, NL., 25 de diciembre de 2025.- Cuando se llega diciembre, es muy conocido: los centros comerciales se encuentran abarrotados y los artículos que habías separado en el carrito de la tienda en línea se agotan. ¿Por qué sucede esto? Porque en Navidad los obsequios son sangrados.
Aunque los pequeños de la casa no atraviesan por la desgastante preocupación de comprar nada puesto que Santa Claus se encarga de eso —a menos que se hubieran portado muy mal en el año—, los adultos se enfrentan a esta búsqueda interminable de qué regalar la noche del 24 a la familia, los amigos y los seres queridos.
Si bien, la celebración tiene raíces religiosas, lo cierto es que esta práctica de dar regalos viene de mucho antes: de la antigua Roma, para ser específicos. Durante las festividades de las Saturnales, los romanos intercambiaban pequeños presentes como símbolo de buena fortuna y renovación.
Con el paso del tiempo, estas celebraciones se fusionaron con las tradiciones cristianas, dando lugar a prácticas que perduran hasta la actualidad. Según un artículo de la Universidad Veracruzana —Ciencia de los regalos de Navidad—, los regalos en Navidad se asocian con sentimientos positivos como alegría, amabilidad y generosidad.
En la Edad Media, la figura de San Nicolás de Bari, conocido precisamente por su generosidad hacia los más necesitados, reforzó la idea de regalar en esta época del año. Su legado dio origen al personaje de Santa Claus o Papá Noel, quien se convirtió en un símbolo central de la Navidad moderna.
Hoy en día, dar regalos en Navidad representa más que un intercambio material. Para muchas familias, es una forma de expresar afecto, fortalecer lazos y compartir momentos de unión.
Aunque el significado original puede variar según la cultura y la religión, el acto de regalar sigue siendo un recordatorio de valores como la solidaridad, la gratitud y la convivencia.




