Imaginación Radical reúne arte, inclusión y diversidad en Monterrey
MONTERREY, NL., 15 de septiembre de 2025.- Miguel Hidalgo y Costilla, un hombre conocido por muchos como Padre de la Patria, o el líder del Ejército del Norte, o por la imagen que sí o sí se encuentra en cada uno de los libros de texto: de él, llamando al pueblo a levantarse contra el dominio español, usando a la Virgen de Guadalupe como símbolo.
Sin embargo, actualmente, luego de 215 años de lo último, existen detalles que van más allá de si Miguel Hidalgo era criollo o sacerdote, sino unos que más bien denotaban la relevancia social de este personaje de la Independencia de México.

Harry Potter y la vida real, en 1810, guardan un paralelismo interesante. Pese a que durante más del 50 por ciento de la saga del mago más conocido de todos los tiempos, se mencionó que el nombre del villano, Lord Voldemort, no se decía, sería llegando casi al final que se descubriría por qué: si alguien mencionaba su nombre en voz alta, aparecían los mortífagos para atacar.
En el caso de Miguel Hidalgo, su nombre era tan poderoso que surtía un efecto parecido.
Dado que, durante los primeros años, se consideraba a los insurgentes como traidores y no como héroes, si alguien mencionaba al cura Hidalgo se le relacionaba con su causa, lo que podía desembocar en el aseguramiento de sus bienes, en que llegaran a prisión o incluso en su muerte.
En momentos donde hacer un retrato iba más allá de levantar el celular a la altura de la cara y sacarse una selfie, donde solo los miembros de la élite podían acceder a que se les hiciera una pintura, Miguel Hidalgo y Costilla tuvo no una, sino muchas.
Sin embargo, tristemente, la gran parte de éstas se realizaron después de su muerte. El objetivo, para historiadores y pintores, era fijar su imagen como figura histórica y heroica.
Aunque todavía no existían las redes sociales, eso no impidió a la sociedad entera el señalar masivamente a Miguel Hidalgo.
El documento se puede encontrar en internet como Edicto del obispo Abad y Queipo, donde se señala a los insurgentes y, en especial a Miguel Hidalgo, como “monstruos” y los describe como “enemigos de Dios y la patria”.
A continuación, un fragmento: “Hidalgo, tomando la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe por signo de la insurrección gritó al pueblo: “Venid a la sombra de la Virgen a defender conmigo la religión y la patria contra sus enemigos, que lo son todos los que no me sigan y obedezcan. Perezcan a nuestras manos, y quedaremos señores de sus bienes y soberanos del país. Desde ahora quedáis libres de toda autoridad y de toda obligación”. Y he aquí esa chusma inmensa de indios y castas, que sin otra prueba ni convencimiento, se pone a sus órdenes en aptitud furiosa para emprender y devastarlo todo”.
En el edicto se declara la excomunión de los eclesiásticos insurgentes y anuncia que se tomarán medidas para que el pueblo los reconozca y se aparte de ellos.
Historiadores como Christon Archer han declarado que el error más grande que cometieron los realistas fue que lo subestimaran, que, de hecho, no creyeran que un hombre dedicado a la iglesia y sin antecedentes rebeldes, hubiera podido organizar o estimular una revolución.
En el edicto, además el autor escribió textualmente: “y he aquí esa chusma inmensa de indios y castas”, pues al inicio se pensaba que la rebelión de Miguel Hidalgo era solo un levantamiento aislado, sin importancia, donde además se denigraba a las clases sociales que participaban en él.




