Mínimos de una democracia
¿Qué pensarían si les dijera que, en los últimos 10 años, la diabetes creció en México? Claro, me dirían: “pues sí, junto con la obesidad por el exceso de calorías”. ¿Pues qué creen? En estos 10 años, el consumo de refresco disminuyó.
Lo digo porque me sigue volando la cabeza que el gobierno mexicano piense en subir impuestos para desincentivar el consumo de refrescos por un asunto de salud. Suben el IEPS a los refrescos y nos lo presentan como gesto de salud pública. Bonito. Como si la gente quedara curada con una factura más alta en la tiendita de la esquina.
Vamos a los datos: en la última década la diabetes en México ha crecido —sí, ha subido— aproximadamente entre 3 y 4 puntos porcentuales en prevalencia diagnosticada en adultos, lo que equivale a un aumento relativo cercano al 30–40% respecto a niveles anteriores.
Mientras tanto, el consumo per cápita de refrescos no ha aumentado; ha bajado: hace unos 10 años estábamos cerca de 150–165 litros por persona al año y ahora andamos en algo como 120–135 litros. Traducción cruda: consumimos menos refresco en promedio que antes, pero la diabetes no solo no baja, sino que sigue escalando.
¿Entonces el gobierno nos está mintiendo? No sería la primera vez. Esta administración, que lidia con la herencia que le dejó la anterior, no tiene dinero; es un hecho. Y el poco dinero que tiene lo gasta muy mal. Veamos:
O sea: la 4T destina aproximadamente tres veces más a transferencias directas (becas, pensiones para adultos mayores, apoyos a mujeres, jóvenes, niños, estudiantes) que al presupuesto de salud. Esas transferencias se pueden gastar en lo que cada quien quiera. ¿Por ejemplo? En refrescos.
En resumen: ¿en qué gasta más el gobierno? En cosas que se ven en fotos y en mítines: grandes obras con placas de inauguración, subsidios energéticos que benefician más a quienes más consumen, pago de deuda y pensiones. ¿En qué gasta menos? En prevención: atención primaria sólida, campañas sostenidas de nutrición y educación, agua potable de verdad en escuelas y hospitales, y programas comunitarios para detectar y controlar la diabetes desde temprano.
¿La 4T está preocupada por nuestra salud? Claro que no. El gobierno necesita nuestro dinero. Y si usa el aumento del IEPS como billetera fácil, pero no reasigna esos recursos hacia prevención, detección temprana y acceso a agua y alimentos saludables, lo único que hace es cobrar doble: más caro el refresco y la misma factura de salud pública cuando la gente enferma.
La ironía es terrible: se sube un impuesto que afecta a las clases populares y luego se gasta lo recaudado donde menos impacto tendrá para reducir la diabetes: en obras monumentales, en mantener subsidios regresivos o en compromisos financieros que no cambian la salud de la gente.
Si la intención fuera sincera, el camino sería claro: transparenten cuánto recaudan con el IEPS, etiqueten ese dinero para programas de prevención (agua en escuelas, campañas nutricionales sostenidas, detección temprana) y desvíen fondos de rubros menos prioritarios. No es ciencia espacial; es sentido común fiscal.




