Mínimos de una democracia
Por desgracia, he tenido que leer una serie interminable de burradas por parte de quienes defienden histéricamente a Nicolás Maduro y la intervención militar de Estados Unidos que culminó en su captura y extracción de Venezuela.
Para bien o para mal, esta no es la primera vez que Estados Unidos interviene de manera directa o indirecta en países extranjeros. La lista es larga y polémica. Pero se puede reducir de manera sistemática si nos quedamos en las intervenciones militares más conocidas: Francia, Alemania y Japón en la Segunda Guerra Mundial. Corea, Vietnam a mediados del Siglo XX. Panamá en los 80´s e Irak y Afganistán en el Siglo XXI.
Comencemos con la emblemática Corea. Cuando se fracturó en dos, el norte recibió la influencia soviética, mientras que el sur experimentó la “intervención” del mundo occidental. Hoy, Corea del Sur es un gigante económico, con un PIB per cápita que supera los 33,000 dólares. Suscitando maravillas como Samsung y Hyundai. ¿Y el Norte? Un sombrío panorama en el que el PIB per cápita se encuentra por debajo de los 700 dólares. La intervención del lado sur, aunque violenta en su origen, sentó las bases para la prosperidad.
Siguiendo con la Europa del siglo XX, no podemos dejar de mencionar a Alemania. Después de la Segunda Guerra Mundial, el oeste, influenciado por Estados Unidos y su apoyo, se transformó en un modelo de economía próspera. Hoy, Alemania tiene un PIB de más de 4 billones de dólares. Comparémoslo con Polonia, que, a pesar de tener una historia rica, enfrentó limitaciones bajo la influencia soviética durante gran parte del siglo XX. Aunque Polonia ha prosperado en años recientes, las diferencias iniciales fueron notorias.
Cruzando el océano, veamos a Panamá y su peculiar relación con Estados Unidos. Tras la invasión de 1989, Panamá ha disfrutado de un crecimiento sostenido y estabilidad política, posicionándose como un centro logístico en América Latina. ¿Y Venezuela? La comparación duele, pues un país con un potencial inmenso ahora enfrenta crisis tras crisis, no solo política sino social, todo bajo una supuesta ideología de izquierda que solo oculta la rapacidad de sus líderes.
Y si hablamos de resultados, no puedo dejar a un lado el caso de Japón. Tras la Segunda Guerra Mundial, fue Estados Unidos quien ayudó a reconstruir su economía. Hoy, Japón cuenta con un PIB de más de 4 billones de dólares, siendo una de las economías más avanzadas y tecnológicas del mundo.
En Europa, además de Alemania, el plan Marshall, elaborado por el secretario de Estado estadounidense George C. Marshall, permitió la reconstrucción de las economías y democracias de todos los países europeos involucrados en la guerra: Italia, Alemania, Francia, Austria… todas hoy, economías y democracias funcionales.
Sin embargo, no todo son historias de éxito. En el otro lado de la balanza tenemos a Vietnam, que a pesar de haber recibido la intervención estadounidense, ha enfrentado un camino tortuoso lleno de desilusión tras su reunificación. A esto se suman los casos de Irak y Afganistán, donde las promesas de democracia se han desvanecido en medio de la violencia y la inestabilidad. Estos tres ejemplos nos recuerdan que no todas las intervenciones conducen a la prosperidad; de hecho, muchas han resultado en caos y sufrimiento.
Regresando a la idea central: sí, el costo de las intervenciones militares ha sido alto, y no se debe ignorar el sufrimiento que han causado. Sin embargo, descalificar los resultados en los casos que han tenido éxito por defender las venas abiertas de América Latina y el concepto rancio de Nación que tanto aman los trasnochados sesenteros que gozan de poder e influencia en el México actual, no es más que eso: una infantil percepción de la actualidad.




