Premoniciones de la debacle
En geopolítica, el orden de los acontecimientos importa. Donald Trump atacó Irán después de haber intervenido en Venezuela. Meses más tarde, el acuerdo petrolero entre Washington y Caracas obliga a volver sobre aquella secuencia y plantear una pregunta que entonces parecía menos evidente: ¿haber asegurado una posición privilegiada en Venezuela modificó el cálculo de riesgo estadounidense antes de entrar en guerra con Irán?
No existe evidencia suficiente para afirmar que la intervención en Venezuela haya sido concebida como preparación para un posterior ataque contra Irán. Hacerlo supondría establecer una relación causal que, hasta ahora, no puede demostrarse. Pero tampoco puede ignorarse que, cuando Trump tomó la decisión de atacar, Estados Unidos ya había alterado profundamente su posición frente al país que posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo.
Y eso importa porque cualquier cálculo militar sobre Irán es también, inevitablemente, un cálculo energético.
El estrecho de Ormuz constituye uno de los principales puntos de vulnerabilidad de la economía mundial. Por esa vía circula una proporción considerable del petróleo y del gas natural licuado comercializados internacionalmente. Una confrontación con Irán siempre implica el riesgo de interrupciones, mayores costos de transporte y presiones sobre los precios internacionales de la energía.
Washington lo sabía antes de iniciar las hostilidades. No necesitaba anticipar cuánto duraría la guerra ni cuál sería su desenlace para reconocer ese riesgo.
Ahí es donde Venezuela adquiere una dimensión diferente.
Durante años, la política estadounidense hacia Caracas fue interpretada fundamentalmente desde la democracia, las sanciones, la migración y la confrontación con el chavismo. Pero el nuevo entendimiento petrolero permite observarla también desde otra perspectiva: la seguridad energética estadounidense.
El acuerdo contempla campos venezolanos que concentran aproximadamente 65 mil millones de barriles de reservas probadas. La cifra es extraordinaria no sólo por su magnitud, sino porque coloca a Estados Unidos en una posición privilegiada frente a una fuente de petróleo situada en su propio hemisferio, precisamente cuando una guerra vuelve a demostrar la vulnerabilidad de depender de la estabilidad de Medio Oriente.
Venezuela comienza entonces a parecer algo más que un objetivo de política exterior. Puede funcionar como una especie de seguro energético.
Un seguro no elimina el riesgo. Tampoco significa que el petróleo venezolano pueda sustituir inmediatamente los barriles que eventualmente dejen de circular por el Golfo Pérsico. La industria venezolana necesita inversión, infraestructura y tiempo para recuperar su capacidad productiva. Pero disponer de acceso preferencial a reservas de esa magnitud modifica el horizonte estratégico de una potencia.
Y ahí la cronología vuelve a ser relevante.
Si el acuerdo petrolero hubiera aparecido únicamente después de las dificultades derivadas de la guerra con Irán, podría interpretarse simplemente como una reacción a ellas. Pero el interés estadounidense por controlar y reorganizar el sector petrolero venezolano precede al conflicto iraní. La guerra no creó ese interés; lo que hizo fue aumentar extraordinariamente su valor.
Esto no demuestra que Venezuela haya sido el paso previo diseñado para hacer posible Irán. Pero sí permite preguntarnos si la posición obtenida previamente en Venezuela redujo la percepción de vulnerabilidad energética de Washington y, con ello, amplió el margen de maniobra de Trump frente a Teherán.
Es una distinción importante.
Las grandes potencias rara vez toman decisiones estratégicas a partir de una sola variable. Seguridad, capacidad militar, energía, alianzas, geografía y economía forman parte del mismo cálculo. Asegurar recursos estratégicos no determina necesariamente la siguiente decisión, pero puede hacer que ciertas decisiones resulten menos costosas o menos arriesgadas.
Por eso quizá estemos mirando Venezuela e Irán de manera demasiado separada.
No sabemos si Trump pasó por Venezuela pensando en Irán. Lo que sí sabemos es que, cuando decidió atacar Irán, ya había pasado por Venezuela.
Y en geopolítica, aquello que una potencia asegura antes de una guerra puede ser tan importante como lo que hace durante ella.




