Lluvias dejan 2 fallecidos, 56 árboles caídos y 15 vehículos varados en NL
MONTERREY, NL., 31 de marzo de 2026.- Detrás de cada carpeta de investigación, de cada escena acordonada y de cada caso resuelto, existen historias que rara vez salen a la luz. Son jornadas largas, decisiones complejas y una carga emocional constante que enfrentan los agentes del área de homicidios de la Fiscalía General de Justicia del Estado de Nuevo León.

En este reportaje especial “Un día con…”, el equipo de Quadratín Nuevo León acompañó a dos elementos de esta corporación a quienes llamaremos “Zuli” y “Diego Sebastián” por motivos de seguridad, para conocer de cerca su día a día, sus retos y la vocación que los mantiene en una de las áreas más exigentes en materia de seguridad.
Antes de colocarse el chaleco táctico, los agentes cumplen con una vida cotidiana que combina familia y disciplina. Para Diego Sebastián, el día comienza desde temprano en casa.
“Mi día empieza temprano, llevo a mis hijos a la escuela, voy al gimnasio y después me traslado al destacamento en Ocampo”, comparte.
Por su parte, Zuli enfatiza la importancia de la preparación previa.
“Reviso que todo mi equipo esté en óptimas condiciones, el radio cargado y listo. Todo debe estar preparado para cualquier situación”, explica.
Al llegar a las instalaciones, ambos agentes se reportan con su comandante, quien asigna las investigaciones del día. Sin embargo, antes de salir a campo, la capacitación es clave.
En el área de tiro, los elementos perfeccionan sus habilidades bajo la supervisión de instructores especializados.
“Todos los días practicamos. Es esencial conocer el arma, el equipo y estar preparados ante cualquier escenario”, señala Diego.
La exigencia física y mental es permanente. No hay margen de error.
Cuando se activa un reporte, los agentes se trasladan al lugar de los hechos. Ahí comienza una de las etapas más delicadas del proceso.
Asegurar el área, recabar indicios, entrevistar testigos y documentar cada elemento forman parte de una labor meticulosa.
“Todo debe ser claro y preciso. Cada indicio puede ser determinante para vincular a un presunto responsable”, explica Zuli.
La información se integra en informes que posteriormente son presentados ante el Ministerio Público, pieza clave para la judicialización del caso.
En ocasiones, los resultados son inmediatos, logrando detenciones el mismo día. En otros, las investigaciones se prolongan hasta reunir todos los elementos necesarios para llegar a juicio y obtener una sentencia.
Más allá de la técnica, hay experiencias que dejan huella.
“Lo que más me impacta es cuando hay víctimas inocentes, especialmente niños”, confiesa Diego Sebastián.
Zuli, por su parte, señala un fenómeno que ha marcado la evolución de la violencia.
“Las drogas sintéticas han cambiado todo. La gente pierde su personalidad y eso los lleva a cometer delitos graves”, explica.
El camino hacia el área de homicidios no siempre es el mismo. Algunos llegan por asignación, otros por decisión.
“No imaginaba estar en homicidios, pero con el tiempo le fui agarrando gusto a la investigación y al uso de la inteligencia”, comenta Diego Sebastián.
En contraste, Zuli buscó integrarse al grupo por convicción.
“Me gusta todo el proceso, desde el inicio hasta lograr una sentencia. Saber que sacas de la calle a alguien que hace daño, eso no tiene precio”, afirma.
De acuerdo con Jorge Carrizales Benavides, director general de la Fiscalía Especializada en Homicidios y Lesiones Graves, el estado ha registrado una disminución significativa en este delito.
“El descenso inicia en octubre de 2024. Ese año cerró con mil 599 homicidios, mientras que en 2025 fueron 741, una reducción de más del 50 por ciento”, detalló.
Para 2026, las cifras también muestran una tendencia a la baja.
“Llevamos 118 homicidios en lo que va del año, cuando en el mismo periodo anterior eran 212, es decir, una disminución de más del 45%”, explicó.
El funcionario atribuyó estos resultados al fortalecimiento de las investigaciones y a la coordinación entre autoridades de los tres niveles de gobierno, incluyendo corporaciones como Fuerza Civil, la Guardia Nacional y fuerzas municipales.
“Tenemos mesas de seguridad semanales. Esa coordinación es clave para reducir el índice delictivo”, señaló.
Ser agente de homicidios implica vivir entre la presión, el riesgo y la responsabilidad de hacer justicia.
Cada jornada representa un nuevo reto, pero también una oportunidad de aportar a la seguridad del estado.
Este acercamiento permite entender que detrás de cada caso resuelto hay horas de trabajo silencioso, disciplina, preparación constante y decisiones que pueden cambiar el rumbo de una investigación.
Porque al final, su labor no solo consiste en esclarecer delitos, sino en dar respuestas, cerrar historias y garantizar que la justicia prevalezca en Nuevo León.





