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MONTERREY, NL., 30 de abril de 2026.- “Todos tienen miedo de no ser los papás perfectos”, aseguró la psicoterapeuta con enfoque conductual y contextual, Lizeth González, sin embargo, no se trata de ser perfectos, sino de convertirse en un espacio seguro para sus hijos, señaló.
La psicóloga detalló para Quadratín Nuevo León que por ello promueven la psicoeducación, orientada en este caso a que madres, padres y cuidadores comprendan el comportamiento infantil desde el desarrollo y no desde mitos o etiquetas, lo que permite interpretar conductas de manera más realista.
A continuación, presentamos algunos mitos analizados por la especialista.
De acuerdo con la psicóloga, los berrinches se presentan en los niños cuando sienten que una situación los sobrepasa. En la psicología se les conoce como desborde emocional.
“Tal vez un adulto cuando algo le afecta puede escalonar esa emoción hasta llegar a la conducta más socialmente apropiada, pero los niños no tienen esa escala. Entonces, no es que busquen manipular; buscan resolver a su manera o expresar lo que están sintiendo con las pocas o muchas herramientas que tengan”, dijo la especialista.
Aunque indicó que la aparición de berrinches sí depende en cierta medida de la educación de los padres, comentó que “también es algo que es esperado en los niños”, asegurando que se manifiestan incluso en las que se consideran buenas crianzas. Ante ello, calificó los berrinches como una “frustración pura que todos sentimos, pero que los niños aún no aprenden a regular”.
“Y es porque los niños a esa edad están aprendiendo habilidades para regular lo que sientes. Así que mientras no haya un regulador, obviamente su emoción va a ir del cero al 100 en cuestión de segundos”, expresó.
González dejó en claro que el miedo no es sinónimo de respeto. Si bien, declaró que la mano dura puede conducir a una obediencia, es una obediencia momentánea, dado que lo que en realidad crea es miedo o evitación.
“Entonces, la figura paterna o materna se vuelve una figura que genera miedo y no respeto, y los papás creen que los respetan, pero realmente no; tus hijos te están teniendo miedo”, dijo.
De acuerdo con la psicoterapeuta, el respeto real que un hijo debería tenerle a los papás es uno el cual los padres construyen con constancia, presencia y poniendo límites sanos, de modo que el infante pueda sentirse seguro.
“Y que si se equivoca o se siente mal, pueda acercarse con sus papás sabiendo que, sí, muy probablemente va a tener una reprimenda, pero no va a ser esta mano dura que va a generar miedo, sino van a ser estas palabras de corrección que le van a ayudar a darle sentido o una nueva dirección a lo que está haciendo”.
“Es un mito a medias, ¿por qué? Porque, sí, los niños entienden todo desde chiquitos”, todo lo absorben y todo lo ven, según la especialista.
“Pero no hay que explicarles como adultos porque nuestra sociedad tiene algo que se llama adultocentrismo, en donde todo lo queremos ya en términos de practicidad y se está perdiendo como este factor de las infancias. Luego nos quejamos de por qué los niños ya no son niños y es porque el adultocentrismo está gobernando mucho”, explicó.
González señaló que sí se les debe explicar, mas no de una manera compleja; de una clara y con un lenguaje que esté a la par de su etapa.
“No es lo mismo escuchar lo que alguien está diciendo, que comprender lo que dice. Si yo le explico a un niño con mis palabras de adulto, solamente va a decir que sí, pero no me va a entender. Entonces, explicar como un adulto solo va a confundir más que ayudar”.
El llanto es una forma de comunicación, explicó, por lo que “no es algo que debamos extinguir y no es algo que debamos dejar solos”. La psicóloga advirtió que esta conducta puede ocasionar que de adultos no posean las habilidades para regular las emociones desagradables ni para consolar a los demás.
“Y entonces, ¿qué pasa? Que cuando hablamos de emociones complejas y muy vulnerables, ni siquiera sabemos qué decir”, dio a conocer.
Es por ello que si el llanto es validado desde que pequeños, les va a ayudar mucho como adultos, dijo.
“Pero llorar y dejarlo llorar solo, no le va a enseñar, lo que le va a enseñar es cómo nosotros respondemos. Cuando el niño llora, hay que acompañarlo para ayudarlo a atravesar esa sensación de malestar, no privarlo, no distraerlo, solo ayudarle a darle contención, a enseñarle una regulación y sobre todo a validar”, detalló.
La psicoterapeuta dio a conocer que entre uno de los principales motivos por los que un adulto acude a consulta, es por no saber tolerar la frustración, pues "cuando algo sale mal, estallan”, “cuando algo no sale como esperan, estallan”.
Tras indicar que “no le tengamos miedo a la palabra”, afirmó que si los padres les enseñaran sobre la tolerancia a la frustración desde pequeños a sus hijos, les estarían brindando una de las mejores habilidades para su futuro.
“El decir ‘no’ en exceso es malo, pero el no decir ‘no’ nunca también provoca repercusiones, entonces ¿qué pasa? Que la frustración es algo que tenemos todo el mundo, es algo del ser humano y es una respuesta emocional que se generaliza porque todos la tenemos”, comentó
Lo ideal es saber decir cuándo sí y cuándo no, de acuerdo con la especialista. Decir “no” va a frustrar demasiado, mientras que repetirles siempre que “sí” no le ayudará a manejar la frustración, sino que limitará su aprendizaje y habilidades que calificó como necesarias para la vida.
“Obligar nunca va a ser la solución, obligar no es la clave de la vida; exponer sí. ¿Cuál es la diferencia? Obligar es aventar a alguien sin herramientas, exponer de forma gradual es que le demos herramientas para poder sobrellevar la situación”, observó.
Lo que generaría un impacto positivo es acompañarlo y que los padres sirvan de modelo para aprender a cómo comunicarse.
“Si yo lo obligo, lo único que voy a hacer es aumentarle la ansiedad en situaciones sociales y reforzar que evite exponerse en ese tipo de situaciones”, comentó.
“La infancia es muy importante, de hecho, hay teorías de la psicología como el psicoanálisis que habla sobre que la infancia es uno de los grandes pilares de la historia de una persona, sin embargo, la infancia influye mas no determina”, dijo
Tras decir que todo niño merece una infancia acompañada, validada y protegida, quienes no la han tenido no significa que su futuro ya esté destinado.
“Siempre hay posibilidad del cambio, es decir, que pensar que todo lo que vivimos en la infancia va a definir quién soy, lo único que me va a generar es culpa por lo que pasé y es una culpa innecesaria porque yo no tuve el control de las cosas”, y no es realista porque le quita a la persona el poder de decidir sobre su futuro, según González.
“Cuando un papá o una mamá se ponen en modo protectores, viene desde un cariño y desde un miedo de que le pase algo a sus hijos”.
El problema no es si se protege o no, según la especialista, sino cómo.
“Cuando privamos a un niño de que experimente retos, de que se exponga a la probabilidad de un fracaso o un triunfo, limitamos mucho sus habilidades”, señaló.
Por ello, invitó a los papás a que, si tienen miedo de que su hijo no sepa cómo manejar una situación, les enseñen a enfrentarla, no a privarlos de vivirla porque de adultos se van a exponer a situaciones donde ellos no estarán para protegerlos.
“Así que puedo acompañar y cuidar, mientras ellos se exponen a la vida”.




