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MONTERREY, NL., 30 de julio de 2026.- Aunque las altas temperaturas y la entrada de la canícula han elevado la sensación térmica en Monterrey, la venta de aguas frescas y frutas en el primer cuadro de la ciudad no ha registrado el incremento esperado, según constató Quadratín Nuevo León durante un recorrido realizado por la zona centro.
El equipo periodístico recorrió calles del primer cuadro de Monterrey y entrevistó a vendedores ambulantes dedicados a la comercialización de aguas frescas, frutas y botanas, quienes coincidieron en que, contrario a lo que suele pensarse, la afluencia de compradores no ha aumentado significativamente durante los días más intensos de calor.
La principal razón, explicaron, es que muchas personas que acuden al Centro ya llevan consigo su propia botella o termo con agua, lo que reduce la compra de bebidas en la vía pública.
“Ha estado bien baja la venta”
Andrea, una vendedora de aguas frescas instalada en el Centro de Monterrey, explicó que los precios de sus productos oscilan entre 30 pesos el vaso mediano y 50 pesos el litro.
“Un litro en 50 y medio en 30”, comentó mientras atendía su puesto.
Al ser cuestionada sobre si la temporada de calor había incrementado sus ingresos, respondió con franqueza:
“Poquito… esta semana ha estado bien baja”.
La comerciante señaló que esperaba un mayor movimiento debido a la canícula, pero la realidad ha sido distinta.
Andrea trabaja diariamente de las 11:00 de la mañana a las 6:00 de la tarde, enfrentando las horas de mayor radiación solar en el centro de la ciudad.

Para mantener las bebidas en condiciones adecuadas, los vendedores deben invertir constantemente en hielo.
Andrea explicó que utilizan grandes cantidades para conservar las aguas frescas durante toda la jornada.
“Les echamos suficiente hielo”, dijo.
Entre los sabores que ofrece se encuentran:
A pesar de la variedad y de las altas temperaturas, insistió en que no ha observado un incremento importante en las ventas.
Sobre cómo soporta las largas jornadas bajo el sol regiomontano, respondió con resignación.
Otro de los comerciantes entrevistados explicó que la conservación de frutas como la tuna requiere una vigilancia permanente para evitar pérdidas por el calor extremo.
“Le tenemos que echar mucho hielo, lo suficiente para que se conserve fresco”, comentó.
Detalló que incluso deben colocar una segunda capa de hielo sobre la mercancía para mantener la temperatura adecuada.
Según explicó, el hielo debe renovarse aproximadamente cada hora o cada 20 minutos, dependiendo de la intensidad del calor y de la cantidad utilizada.
“Depende del hielo que le eche uno”, señaló.
Aunque este vendedor reconoció que sí ha logrado algunas ventas gracias al inicio de la temporada, admitió que los ingresos son muy variables.
“Gracias a Dios sí se vende… va saliendo un poquito”, comentó.
Su mercancía cambia según la temporada e incluye frutas, papas preparadas y aguas frescas.
Respecto a sus ganancias diarias, explicó que puede obtener alrededor de 600 pesos en un buen día, aunque en ocasiones debe regresar a casa con parte de la mercancía sin vender.
“Salimos a lo que está al día y a lo que Dios nos mande”, expresó.
Además de las bajas ventas, los vendedores enfrentan un problema adicional: el costo constante del hielo.
“Lo compramos… una bolsa cuesta entre 40 y 50 pesos”, explicó uno de ellos.
Debido a las altas temperaturas, el hielo dura poco tiempo, por lo que deben adquirir nuevas bolsas varias veces durante la jornada.
“Tenemos que echarle cada hora, cada 20 minutos depende”, detalló.
Esto significa que parte de las ganancias obtenidas por la venta de frutas y aguas se destina únicamente a conservar la mercancía.
“Nosotros tenemos que conservar la fruta hasta que empiece la venta”, señaló.
Incluso relató que hay momentos en los que pueden pasar una, dos o hasta tres horas sin vender nada, mientras el hielo continúa derritiéndose.
Durante el recorrido, Quadratín Nuevo León también entrevistó a Guadalupe Méndez, una persona que acudió al Centro a comprar fruta fresca.
“Vine por la frutita”, comentó.
Al preguntarle cómo enfrenta las altas temperaturas, respondió:
“Comer fruta… por eso vine a comprar su frutita, está fresquita”.
Guadalupe confirmó una de las razones que explican la baja venta de aguas en el Centro: lleva consigo su propia botella de agua helada.
“Sí, traemos el bote de agua helada”, dijo.
La entrevistada relató que la canícula también ha afectado severamente a su familia dentro de casa.
“Sudamos mucho en la casa, aunque tengamos el abanico prendido y el aire”, comentó.
Explicó que cuentan con minisplit, abanicos e incluso aire lavado, pero aun así el calor resulta difícil de soportar.
“Y aun así no se da abasto, la verdad”, afirmó.
Guadalupe señaló que esperan la caída del sol para poder realizar actividades con mayor comodidad.
“Esperamos que se haga tarde para que el día se meta el sol”, expresó.
El recorrido realizado por Quadratín Nuevo León refleja un panorama contrastante: mientras las temperaturas extremas continúan afectando a comerciantes y ciudadanos, la venta de aguas frescas no ha experimentado el aumento que tradicionalmente se asocia con las olas de calor.
Muchos visitantes del Centro han optado por anticiparse a las altas temperaturas llevando termos, botellas reutilizables o recipientes con agua desde sus hogares, una práctica que reduce gastos personales pero impacta directamente en los ingresos de los vendedores ambulantes.
Para quienes dependen de la venta de frutas y bebidas en la vía pública, la canícula representa una doble presión: soportar largas jornadas bajo temperaturas extremas y asumir el costo constante del hielo necesario para evitar que su mercancía se eche a perder, aun cuando las ventas permanezcan por debajo de lo esperado.





