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MONTERREY, NL., 10 de septiembre del 2025.- Aún no llega el día del tradicional Grito de Independencia ni el desfile cívico del 16 de septiembre, y ya en diversos comercios del área metropolitana de Monterrey comenzaron a aparecer disfraces, máscaras, dulces temáticos y decoraciones para Halloween, una celebración que ocurrirá hasta el 31 de octubre.
La escena contrasta con el ambiente patrio que predomina en calles, plazas y escuelas, donde el verde, blanco y rojo se hacen presentes en banderas, adornos y antojitos mexicanos. Sin embargo, los escaparates de tiendas departamentales y negocios locales ya muestran brujas, calabazas y esqueletos que anticipan una de las festividades más populares de origen extranjero.
Halloween, también conocida como la Noche de Brujas, tiene raíces en el antiguo festival celta Samhain, celebrado en Irlanda, Escocia y otras regiones del norte de Europa. Para los celtas, el 31 de octubre marcaba el fin de las cosechas y el inicio del invierno, considerado una etapa oscura y asociada a la muerte.
Se creía que esa noche los espíritus podían cruzar al mundo de los vivos, por lo que la gente encendía hogueras y usaba máscaras para ahuyentar a los malos entes.
Con la expansión del cristianismo, en el siglo VII la Iglesia instituyó el Día de Todos los Santos el 1 de noviembre, y la víspera comenzó a llamarse All Hallows’ Eve, que con el tiempo derivó en Halloween.
La versión actual de Halloween, popularizada sobre todo en Estados Unidos y extendida a México y otras partes del mundo, conserva algunos elementos de sus orígenes:
En México, septiembre y noviembre son meses cargados de identidad cultural. Mientras el 15 y 16 de septiembre se conmemora la Independencia, apenas dos semanas después de Halloween llega el Día de Muertos, el 1 y 2 de noviembre, una festividad declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, que honra a los difuntos con altares, ofrendas y flores de cempasúchil.
La convivencia entre ambas tradiciones ha generado debates y fusiones culturales. Para algunos, Halloween representa una invasión extranjera que desplaza las costumbres nacionales, mientras que para otros es una celebración lúdica que se ha integrado de manera natural al calendario social, especialmente entre los jóvenes.
Más allá de la polémica cultural, lo cierto es que la anticipada llegada de Halloween a los aparadores responde a intereses comerciales. Los negocios buscan aprovechar la temporada para extender las ventas de disfraces, dulces y decoraciones, en un mercado que cada año mueve millones de pesos.
De esta forma, entre banderas y sombreros charros, comienzan a asomarse brujas y fantasmas que recuerdan que, tras las fiestas patrias, la siguiente gran celebración estará marcada por la calabaza y el disfraz.





